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Criar en la era digital: cómo conectar con nuestros hijos sin culpa.

23 Oct 20265 min de lectura
Criar en la era digital: cómo conectar con nuestros hijos sin culpa.

Vivimos conectados a todo, pero ¿cómo encontramos tiempo para conectar con quienes más queremos?

Ser mamá o papá millennial en la era digital tiene sus propios retos. Vivimos rodeados de pantallas, notificaciones, videollamadas, redes sociales y pendientes que parecen no terminar nunca. El celular se ha convertido en una herramienta de trabajo, comunicación, entretenimiento y, muchas veces, en ese pequeño espacio de desconexión que buscamos al final de un día agotador.

Al mismo tiempo, basta abrir las redes sociales para encontrar cientos de consejos sobre crianza: cómo establecer límites, cómo estimular el desarrollo de nuestros hijos y cómo evitar que pasen demasiado tiempo frente a una pantalla.

Y aunque muchas de estas recomendaciones tienen buenas intenciones, a veces también pueden hacernos sentir que no estamos haciendo lo suficiente.

Porque, seamos honestos: el reto no siempre es evitar que nuestros hijos usen pantallas; también es aprender a desconectarnos nosotros para conectar con ellos.

Criar en un mundo que nunca se desconecta

La tecnología forma parte de nuestra vida cotidiana. La utilizamos para trabajar, resolver pendientes, mantenernos en contacto con nuestros seres queridos y hasta para encontrar ideas de actividades para hacer con nuestros hijos.

Sin embargo, estar físicamente presentes no siempre significa estar emocionalmente disponibles.

Un mensaje de trabajo durante la comida, una notificación mientras jugamos o esos minutos que terminan convirtiéndose en media hora de desplazarnos por las redes sociales pueden interrumpir pequeños momentos de convivencia sin que nos demos cuenta.

La investigación sobre un fenómeno conocido como technoference —la interferencia de la tecnología en las interacciones personales— ha estudiado cómo el uso de dispositivos por parte de los padres puede interrumpir la comunicación y la convivencia con sus hijos. Una revisión publicada en 2023 identificó 64 estudios sobre este tema y encontró asociaciones entre las interrupciones tecnológicas y cambios en las interacciones familiares.

Esto no significa que usar el celular nos convierta en malos padres. Significa que vale la pena observar qué lugar ocupa la tecnología en nuestra vida y cuándo empieza a desplazar momentos que son importantes para nosotros.

La pregunta no tiene que ser: «¿Estoy haciendo todo mal?».

Podemos comenzar con algo mucho más amable: «¿Qué pequeño momento de hoy puedo dedicar a estar realmente presente con mi hijo?».

No necesitamos una crianza perfecta, sino más momentos de conexión

En redes sociales es fácil comparar nuestra vida cotidiana con versiones idealizadas de la maternidad y la paternidad. Vemos familias que parecen tener siempre el tiempo, la energía y la creatividad para preparar actividades, cocinar juntas y pasar tardes enteras jugando sin dispositivos.

Pero la vida real también incluye jornadas largas de trabajo, cansancio, tareas domésticas, imprevistos y días en los que simplemente no tenemos la misma energía.

Por eso, hablar de una crianza consciente de la tecnología no debería convertirse en una nueva exigencia para las familias.

La Academia Estadounidense de Pediatría propone que cada familia establezca hábitos digitales que se adapten a sus necesidades, priorizando el sueño, la actividad física, el juego, la convivencia y otras experiencias importantes para el desarrollo infantil.

No se trata de eliminar toda pantalla de nuestra vida, sino de encontrar un equilibrio que funcione para cada familia.

Habrá días en los que logremos guardar el celular durante la comida y pasar una tarde jugando con nuestros hijos. Otros días estaremos más cansados, tendremos pendientes urgentes o recurriremos a una pantalla mientras resolvemos algo.

Y también está bien reconocer que somos humanos.

Un día complicado no define nuestra crianza. Lo importante es que podamos volver a intentarlo, sin culpa y con intención.

Los momentos más valiosos no necesitan grandes planes

A veces imaginamos que para conectar con nuestros hijos necesitamos organizar una actividad especial, preparar materiales o encontrar el plan perfecto para estimular su creatividad.

Pero la conexión familiar no siempre necesita una agenda.

Puede suceder mientras preparamos el desayuno, cuando inventamos una historia antes de dormir, al bailar una canción en la sala o cuando dejamos que nuestros hijos nos ayuden con una tarea cotidiana.

También puede aparecer en una tarde de juegos de mesa, durante una caminata por el parque o al compartir una comida sin tener el celular en la mano.

Estas experiencias ofrecen oportunidades para conversar, jugar, escuchar y compartir atención. La Academia Estadounidense de Pediatría destaca la importancia de preservar espacios para el juego presencial, la lectura, la actividad física y las interacciones sociales, procurando que las pantallas no desplacen estas experiencias.

Y hay algo especialmente bonito en todo esto: no necesitamos que cada momento sea extraordinario para que tenga valor.

Para nosotros puede ser una tarde cualquiera. Para nuestros hijos, puede ser el recuerdo de una canción que bailamos juntos, una receta que preparamos en familia o una historia que les contamos una y otra vez.

No podemos saber cuáles de esos momentos recordarán cuando sean mayores. Pero sí podemos abrir espacio para que sucedan.

¿Cómo podemos reconectar en medio de la rutina?

No hace falta cambiar toda nuestra vida de un día para otro. Podemos comenzar con pequeños hábitos que hagan más fácil estar presentes.

1. Crear pequeños espacios sin pantallas.

2. Guardar el celular cuando compartimos algo importante.

3. Elegir actividades sencillas y sin complicaciones.

4. Involucrar a nuestros hijos en las pequeñas cosas.

5. Ser flexibles y volver a empezar.

Nuestros hijos crecen mientras nosotros intentamos llegar a todo

La vida adulta nos empuja constantemente hacia lo que sigue: el próximo pendiente, la siguiente reunión, el mensaje que tenemos que contestar o la tarea que todavía falta por terminar.

Y mientras intentamos llegar a todo, nuestros hijos siguen creciendo.

No podemos detener el tiempo ni estar presentes en cada segundo de su infancia. Tampoco necesitamos hacerlo para ser buenos padres.

Pero sí podemos recordar que, entre las responsabilidades y las exigencias de la vida cotidiana, existen pequeños momentos que merecen un lugar en nuestra atención.

Tal vez hoy sea jugar diez minutos en el suelo, escuchar con calma esa historia que nuestro hijo quiere contarnos por quinta vez o compartir el desayuno sin revisar las notificaciones.

No siempre será posible. No todos los días tendremos la misma energía. Y no pasa nada.

La invitación es a dejar de perseguir una crianza perfecta y comenzar a construir una crianza más presente, con pequeños espacios de conexión que sí podamos sostener en nuestra realidad.

Porque crecer en la era digital también significa aprender a usar la tecnología sin dejar que ocupe todos los espacios de nuestra vida.

Y quizá uno de los regalos más bonitos que podemos hacernos como familia sea este: aprender a guardar el celular de vez en cuando, mirar a nuestros hijos, escuchar lo que tienen que decir y disfrutar de esos pequeños instantes que, aunque hoy parezcan cotidianos, forman parte de una infancia que no volverá a repetirse de la misma manera.

No se trata de desconectarnos del mundo. Se trata de encontrar más momentos para conectar con quienes hacen que nuestro mundo sea tan especial.











referencias:

https://pmc.ncbi.nlm.nih.gov/articles/PMC11799820/?utm_

https://publications.aap.org/pediatrics/article/154/6/e2024067417/199968/The-Family-Media-Plan?autologincheck=redirected

https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/37347957/

https://publications.aap.org/pediatrics/article/138/5/e20162591/60503/Media-and-Young-Minds

https://www.healthychildren.org/English/family-life/Media/Pages/how-to-make-a-family-media-use-plan.aspx

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